domingo, 16 de octubre de 2011

WALTHER LPM1

Pistola que impulsa los balines mediante sistema de aire pre-comprimido.

En una década en la que dominaban las armas que realizaban la propulsión balística mediante la expansión de CO2, los fabricantes germanos volvieron al aire pre-comprimido con esta pistola.


FICHA TECNICA
Largo 408 mm
Ancho 50 mm
Alto 145 mm
Longitud entre miras 337/360 mm
Longitud del cañon 252 mm
Punto de mira (*) 4,2 mm
Ancho de miras (*) 3,8 mm
Peso del arma 1.100 gr


(*) Tambien hay puntos de mira de 3,5 y 4,8 mm., y ancho de miras de 3,2 y 3,4 mm.

Existe contrapeso de 60 gr. en forma de medio barril que se desplaza por el cañon, ajustandose con un tornillito lateral.

Para la tarea de ganar concursos de pistola neumática, inicialmente walther diseñó la LP2, un modelo específico presentado en 1965. La aparición de este arma y de su rival (la Feinwerkbau M65) marcó el comienzo de la madurez técnica apta para la competición. La LPM-1 supone un regreso a la técnica de la pre-compresión en el momento en el que estaba dominando el CO2, y se presento justo veinticinco años después (1990) que el modelo LP2. Destaca en la LPM-1 tanto la elevada velocidad inicial, de unos 150 m/s, como la uniformidad de esta, que apenas varia en cada disparo.

Con relación a la CP 3, esta Walther no presenta grandes diferencias más que en aquello que sustituye a la bombona. En su lugar encontramos un cilindro de buen tamaño, adornado en su parte delantera con un adhesivo de tiras de colores que ayuda a aligerar la línea. Integrar la palanca en la estética del arma se ha logrado mucho mejor que en su rival, la Feinwerkbau M100. Está perfilada para servir de guardamonte, y se remata con una pieza de madera que hace de asidero.

La clave de todo está en el conjunto mecánico encargado de convertir la fuerza muscular en tensión elástica del aire, y si se quiere conseguir unos niveles de potencia adecuados, hace falta un cilindro de buen volumen y un dispositivo compresor cuya eficacia mecánica lo ponga dentro de un esfuerzo físico razonable.En la LPM-1 hay un juego de palancas compuestas que se ocupa de ello. El émbolo de duraluminio, provisto con un casquillo sintético de estanqueidad, se desplaza mediante un embielaje de rodillera (similar al cierre de la pistola Parabellum-Luger). El movimiento de la biela se gobierna mediante la palanca compresora, que mide 25 cm de longitud, unido al amplio arco de trabajo, se consigue una importante ventaja mecánica, cuya máxima eficacia se sitúa al final del recorrido, que es cuando más necesaria resulta. El émbolo mide 28 mm. de diámetro y su carrera es de cerca de 10 cm., lo que significa que la cilindrada es de alrededor de 60 m:1, que una vez comprimidos, deben pasar a ocupar un volumen de sólo medio centímetro cilíndrico.

El problema está en conseguir esa razón volumétrica de aproximadamente 120:1 con un esfuerzo que no sea molesto para el tirador, y esto es algo de lo que se ocupa el sistema de palancas que ya hemos descrito.

Para abrir la palanca y poder com­primir el aire, se debe dejar la palan­ca del cierre (situada al lado izquier­do del armazón, por delante de la bandeja de carga del balín) sin levan­tarla. Así se realiza la admisión del aire con más facilidad a través del ca­ñón y de la válvula, que queda abier­ta cuando el sistema de percusión que la abre está destensado. De no ser así, hay que vencer cierta resistencia has­ta que el pistón llega hacia el final de su recorrido y puede aspirar el aire a través de una pequeña abertura, en la parte inferior del cilindro. La dife­rencia de esfuerzo con respecto a la compresión, deja ver que los elemen­tos sellantes del pistón ofrecen mucha más estanqueidad al dilatarse.

El disparador es también casi igual al de la CP 3, pero tiene algunas di­ferencias. Todo el conjunto de los mecanismos de disparo se aloja en un cajetín separable, repunte propio de las Walther de competición. La cha­pa que hace de soporte es bastante gruesa, para evitar los problemas de reglaje que han sufrido otros tipos. Respecto a la CP 3, se ve que ha de­saparecido el guardamonte, que las ventanas de las chaspas son mayores y que los pistones que empujaban so­bre el fiador y la palanca de transmi­sión se han sustituido por bolas.


Como cabe esperar en un arma de concurso, es reglable en posición, tensiones y recorridos. La posición de la cola del disparador (provista con una soleta de plástico que va atorni­llada al gatillo), se puede regular en distancia y en balanceo (inclinación sobre el eje longitudinal). También se pueden realizar fácilmente los ajustes de la carrera del primer tiempo, de la aparición del segundo, y el recorri­do sobrante, mediante una llave o un destornillador Alien de 2 mm. Que se entregan con el arma. Pero el ajuste de las tensiones del primer y según­do tiempo, y la fuerza de reclamo del fiador, exigen que se desmonte antes la empuñadura, operación que se realiza fácilmente después de retirar el apoyo inferior móvil con una llave Alien de 4 mm. Incluida también en los accesorios. Una interesante cuali­dad de la LPM-1 es que resulta posi­ble tirar en seco: Para ello, basta con subir y bajar la palanca de armado sin mover la de compresión.

En las miras ha habido algunos cambios y retornos. Como en las pri­meras CP 2, el alza es la misma que monta la pistola libre FP. Se trata de una excelente pieza regulable a mano en la altura y dirección. Los botones moleteados de ajuste se encuentran en el lado izquierdo, para que se efec­túen las correcciones cómodamente con la mano no tiradora. La pistola que probamos no tenía ninguna hoja del alza adicional, pero además de la que trae puesta —una muesca de 3,8 mm.— existen otras tres de me­nor anchura. Algo parecido cabe de­cir de los puntos de mira, situados so­bre una base-contrapeso común con la CP 3; existen de 3,2 y 4,8 mm. De anchura, aparte del 4,2 mm. Que vie­ne instalado.

La empuñadura, con ángulo es de 36”, pero es posi­ble hacer pequeñas variaciones en él, dado que el tornillo que sujeta la em­puñadura al cajón de mecanismos va roscado a un bulón que puede girar. Para ello antes habría que repasar un poco el cajeado de la madera.

El eje del cañón pasa justo por la horquilla de la mano, de forma que la línea de mira (el alza) queda sólo 22 mm. Por encima. Esto hace que destaque aún más la perfecta alinea­ción que esta empuñadura ofrece al índice. El dedo queda perfectamente dirigido, sin que roce siquiera en par­te alguna. Esto no es algo que pueda decirse de ciertas competidoras de la LPM-1.

Muy buen disparador. Me gusta­ron los reglajes de fábrica. Las tensiones y recorridos con 1,2 mm. y 350 gr. para el primer tiempo, y 0,7 mm-550g. Para el se­gundo, junto a un sobrante de 0,7 mm. En cuanto a la compresión del aire, hay que sudar la victoria. Sin que el esfuerzo llegue a ser excesivo, su reiteración puede servir como ejercicio complementario de esos «Bullworker» que se anuncian por ahí para desarrollo muscular.

La precisión es magnífica, y la er-gonomía de la LPM-1 permite sacar­le partido. Los resultados, con balines RWS, fueron de una dispersión míni­ma de 8 mm., y en promedio era de 12 mm. Las velocidades iniciales lla­maban la atención por su regulari­dad: 148 m/s, con una variación de sólo 70 m/s con respecto a este valor.


VER  INSTRUCCIONES

MAPA  DESPIECE






Comentarios